jueves, 10 de noviembre de 2011

La última teoría cosmológica


Comentario previo sobre biología evolucionista

Condiciones necesarias para que pueda existir vida sensible en un astro

1º.- La primera condición, ineludible, para la posible existencia de vida sensible en un astro, es que el astro no dependa de las fuerzas superiores de un tercero. Un astro que depende de las fuerzas que se originan sobre él, obligado a orbitar, no puede originar vida vegetal alguna; menos aún vida animal y, del todo imposible, vida humana. Son muchos los expertos y aficionados a la Astronomía que ignoran cuestiones relevantes como la referente a las tempestades y vientos planetarios. Se ignora que los planetas presentan vientos huracanados en sus zonas ecuatoriales que alcanzan velocidades proporcionales a sus respectivas distancias a la Tierra. Este hecho, ignorado por la mayoría social, y que apoya a la tesis geocéntrica, significa que los planetas se mueven con velocidades orbitales directamente proporcionales a las distancias, lo que origina el fenómeno atmosférico citado. Siendo así, la germinación de vida orgánica, aún cumpliendo las siguientes condiciones, resulta del todo improbable.

2º.- La segunda condición, también ineludible, es que en el astro debe contener agua en cantidades “oceánicas” y atmósfera suficiente como para mantener el sistema de lluvia o de “regadio”. La propia Tierra sirve de modelo empírico y de sistema referencial. Si la Tierra no tuviese la ingente cantidad de agua en mares y océanos, generadores de la lluvia, de la flora y, consiguientemente, del oxígeno, no estaría escribiendo estas líneas. Resulta absurdo que los científicos defiendan la idea de que en ese o en aquel planeta podría haber existido vida porque se han encontrado casquetes superficiales con hielo. Pero no basta con que exista agua, esta debe ocupar una gran extensión superficial para que pueda originarse el proceso climatológico que mantenga la vida en toda la superficie del astro. También se debe contar con las capas atmosféricas que harán posible la vida. Si habiendo tal cantidad de agua en la Tierra, no estuviéramos protegidos por las capas atmosféricas, no existiría la vida orgánica.

3º.- La tercera condición, sujeta a las dos primeras, es que el astro en cuestión debe recibir y mantener luz y temperatura en la medida y cantidad adecuada para el éxito de la germinación y la proliferación de la vida orgánica en toda su superficie. Para que se de esta condición la distancia al Sol debe ser la justa y precisa. Si la distancia media que separa a la Tierra del Sol, hubiera sido un 2 ó un 3% mayor o menor, tampoco se habrían conjurado las condiciones para la existencia de vida.

4º.- La cuarta condición es que en la superficie terrestre del astro debe mantener una presión atmosférica adecuada para que no interfiera en el desarrollo de la vida vegetal. Por consiguiente, no basta con que se cumplan las condiciones anteriores y extraordinarias que se dan en la Tierra, deben concurrir todas las condiciones citadas y aún otras de segundo orden.

5º.- Otra condición es que para que sea posible la existencia de vida inteligente el período de los días, debe ser similar al período terrestre: unas 24 horas. Un período sustancialmente diferente -menor o mayor- afectaría a la estabilidad psicológica de los seres humanos, lo que equivaldría a su extinción como especie. Lo mismo puede decirse de las estaciones. No se puede minimizar las consecuencias que para la vida sensible y la agrigultura tienen los cambios estacionales.

Solo cuando se cumplan estas condiciones imprescindibles y fundamentales podrá contemplarse la posibilidad de la existencia de vida orgánica. En esas condiciones la existencia de género animal pero, sobre todo y en especial, del género humano o lo que éste representa: inteligencia, sensibilidad, creatividad y emociones, requiere de una participación Superior. Ya que no se trata simplemente de un desarrollo genético de una complejidad extrema, se trata del aspecto sensible y espiritual que acompaña a la estructura orgánica, y eso no se consigue mediante evolución azarista alguna.


La última teoría cosmológica
  • INDICE

  • Prefacio
  • La nueva teoría abreviada
  • Prólogo
  • Apuntes históricos
  • Primera falsedad: La deflexión de la luz
  • La paradoja de Olbers y el nuevo geocentrismo
  • Introducción a la Última Teoría Geocéntrica
  • El “movimiento peculiar” del Sol = Movimiento orbital del Sol
  • Fundamentos de la Última Teoría Geocéntrica
  • La nueva Unidad Astronómica
  • El retraso en las salidas diarias de la Luna
  • Los nuevos modelos orbitales
  • Las nuevas distancias geocéntricas de los planetas
  • Réplica a la tercera ley de Kepler
  • Las nuevas distancias estelares
  • Tipologías estelares
  • Análisis de la estrella Altair
  • Análisis de la estrella Mira
  • El paso de los cometas
  • Explicación al “efecto Doppler-Fizeau
  • Las galaxias
  • Sobre la Vía Láctea… o el poder de la sugestión
  • La “materia oscura”
  • La precesión de los equinoccios
  • Sobre el “ciclo de Saros”
  • El envío de sondas espaciales
  • El “pastoreo” de Mercurio en sus tránsitos
  • Isaac Newton
  • La física de Newton
  • Sobre la aceleración de la gravedad
  • Sobre la declinación real de la Luna
  • Sobre la gravedad superficial en la Luna
  • Sobre la constante gravitacional
  • Sobre la velocidad de escape
  • Masas en función de la gravitación universal
  • Masas
  • Sobre la fuerza
  • Sobre la relatividad de A. Einstein
  • Sobre la curvatura del espacio-tiempo
  • Sobre la curvatura en las señales de radio
  • Sobre la velocidad de la luz en el vacío
  • Sobre los tiempos-luz a los astros
  • El experimento de Michelson y Morley
  • Misterios resueltos de la ciencia
  • Sobre la causa de los movimientos retrógrados

PREFACIO

COPÉRNICO Y DARWIN: PILARES DE LA IRRACIONALIDAD

Habrá observado el lector que en la portada o primera página de este tratado he añadido algunas citas bíblicas. Puede resultar extraño que un documento científico se inicie de tal modo, pero no se engañen los puristas del racionalismo: la inserción de las citas no significa que el tratado se haya configurado y extendido en consideraciones “religiosas”. Al contrario, las consideraciones y argumentos lógicos-matemáticos del tratado vienen a incidir y demostrar que la epistemología aplicada a la nueva teoría geocéntrica, consiente en asumir la relación directa y estrecha entre ciencia y religión. El conflicto histórico entre fe y razón, no existe. Lo que existe es un conflicto entre la fe y la irracionalidad. Cualquier inteligencia podrá percibir que esta correlación entre lo racional y lo trascendental no entran en conflicto cuando se demuestra la objetividad, la certeza o la verdad de esta nueva teoría geocéntrica. No es que lo uno incida sobre lo otro, es, simple y racionalmente, que la verdad científica mantiene una coherencia con el texto bíblico. Relegar, por tanto, los valores espirituales al terreno del psicologismo, priorizando un racionalismo irracional, es el consenso intelectual que se ha venido adoptando durante siglos propiciado por el pensamiento positivista amparado en unos fundamentos científicos erróneos.

También habrá observado el lector sagaz que he colocado algunos retratos de personajes insignes de la ciencia asociándolos a otras citas bíblicas que hacen referencia a la necedad e incredulidad de los sabios en materia de fe. Y esa incredulidad noética de la clase científica en el ser trascendental, fue, y lo es aún, la causa referencial de las incidencias que afectan e infectan a la sociedad moderna en los aspectos intelectuales, culturales, éticos y morales. De este modo, con el establecimiento de la falsa ciencia en la cultura social, se pasó de idolatrar al Todo, a idolatrar la parte; de idolatrar al Alfarero, a idolatrar la vasija. Este cambio en el pensamiento fundamentado en la falsa ciencia aplaudido e instalado en la conciencia social por la insistente propaganda de los medios de la manipulación y la educación perversa y tendenciosa, es una aberración y una necedad en toda regla.

En el desarrollo de esta introducción he considerado a la epistemología y a la psicología como substrato referencial del pensamiento contemporáneo. Para ello me he servido del libro titulado: “Teoría del Conocimiento”, de Sergio Rábade Romeo (Akal). El autor del libro mencionado comienza su punto de partida (II) expresando que:

“Toda teoría del conocimiento, incluso aunque quiera reducirse, con un planteamiento alicorto, a una mera descripción del conocimiento y de sus diversas formas, tiene que ser una teoría crítica, tanto en el sentido etimológico griego de discernimiento y enjuiciamiento, como en el sentido del semantema habitual de “crítica” como análisis valorativo, tanto positiva como negativamente, del conocer. Pues bien, si la teoría del conocimiento ha de ser crítica, la actitud con la que la debemos iniciar tiene que ser una actitud crítica. Desde ella hay que arrancar, y con ella de la mano hay que seguir a lo largo y ancho de todos los caminos que conduzcan nuestros pasos hacia el análisis y estudio del conocer en sus diversas formas, niveles, elementos y estructuras”

Como escribe y recomienda el autor, vamos a seguir sus consejos y vamos a adoptar una actitud crítica sobre la Teoría del Conocimiento en general y sobre la ciencia en particular. En este campo embarrado, como en el campo de la ciencia del espacio, he percibido aspectos dudosos en el proceso gnoseológico. Si bien resulta innegable que un gran número de filósofos han contribuido a la definición del conocimiento en todos sus matices y conceptos, otros han intervenido en la historia para enredar, dirigir y confundir los fundamentos de la facultad cognoscitiva. No pasa desapercibido la influencia psicológica que ejercen las teorías científicas y avances tecnológicos sobre cualquier texto de filosofía moderna. El autor del libro lo deja claro: “Frente a ellos, hay sabios ─ Boyle, Sydenham, Huygens, Newton ─ que, como auténticos arquitectos, construyen sólidos edificios de ciencia”. ¿Sólidos… o eficaces?

La objetividad, revestida de eficacia y fiabilidad, ha relegado a la certeza y a la verdad al estado anecdótico de mera sumisión. Sin embargo la teoría del conocimiento parece ignorar que la efectividad es un parámetro, entre otros, de la certeza, pero no el fundamento de la misma. La efectividad de “algo” es un concepto sometido a la temporalidad, prisionera y supeditada a la irrupción en el campo social de una nueva inventiva de mejora, idea o teoría. Un ejemplo histórico lo hallamos en el sistema de Copérnico: era más efectivo que el sistema de Ptolomeo, pero posteriormente fue mejorada su efectividad con el modelo de Kepler. A nivel doméstico ocurre otro tanto de lo mismo: Un instrumento de uso doméstico puede ser eficaz en tanto cumple con la función mejorada respecto a los instrumentos que le precedieron. Pero la función mejorada no es completa y cerrada a la posibilidad de nuevas mejoras: está cumpliendo una función eficaz en el tiempo hasta que el instrumento quede obsoleto ante un nuevo avance tecnológico, teórico, formal o intelectual. Aferrarse a un conocimiento concreto del saber por su eficacia “ahora”, es intervenir de forma activa o pasiva en el freno y el retraso de la certeza eficaz “mañana”.

Al recorrer la historia del pensamiento percibimos una gran variedad de escuelas del conocimiento. Pero es con Descartes donde la filosofía toma el carácter de modernidad. La duda, como principio de purificación cognoscitiva, es la posición metódica desde donde inicia el punto de partida: ¿Qué podemos admitir como cierto? A este principio se adhieren, analizan o critican las sucesivas escuelas del racionalismo emergente: Hobbes, Locke, Hume… Como figura destacada no puede faltar E. Kant, con su “Crítica de la razón pura” (Idealismo). Con C. Marx y Engels, entramos por la puerta del materialismo dialéctico. La Teoría del Conocimiento lejos de aunar métodos y procesos se propaga en una diversificación de escuelas: fenomenalismo, positivismo, empirismo, neokantismo, materialismo, idealismo, pragmatismo, eclecticismo, escolasticismo…

Esta perturbación del concepto fundamental en el hecho cognoscitivo ocasionado por la variedad de corrientes académicas, nos alerta de una singularidad: ¿Qué escuela de pensamiento se acerca más a la verdad? O, dicho de otra forma: ¿Qué escuelas de pensamiento están contribuyendo a enturbiar la certeza o la objetividad? Claro está que primero hay que definir lo que los humanos entendemos o aceptamos como verdad, certeza u objetividad. Verdades hay tantas como seres humanos: cada individuo, por sí, es poseedor de su verdad. Pero no me refiero a la verdad subjetiva o doméstica, me refiero a la verdad objetiva: la verdad como concepto u objetividad universal. Intentaré, no será fácil conseguirlo, que el lector sea lo suficientemente receptivo y se libre del peso que suponen los prejuicios en la asunción del saber y del conocimiento.

Como expresa el autor del libro mencionado, un principio del conocimiento, no todos, tiene lugar entre el sujeto cognoscible y el objeto/cosa cognoscente. En dicho enfrentamiento interviene el sujeto con todos sus sentidos, potencias y facultades, siendo el sentido más valioso el sentido de la vista y la facultad natural el pensar. Por eso el primer contacto dinámico del sujeto con el objeto/cosa es la observación, el ver, y el objeto/cosa participa de forma pasiva siendo observado, visto. Es el sujeto el que interviene, por voluntad propia, en el proceso cognoscitivo sobre el objeto/cosa. En este caso, el sujeto es el individuo en sí, y el objeto/cosa puede ser de carácter físico, sustancial, geográfico, social, espacial, temporal, conceptual, intelectual o espiritual. En el caso que nos ocupa, me remitiré al objeto/cosa como el campo de la investigación científica en general y en los orígenes de la astronomía moderna en particular. No resultará extraño al lector si afirmo que la inmensa mayoría de filósofos, si no todos, asumen con un alto grado de fiabilidad, de certeza, las teorías cosmológicas de la modernidad. Se han afanado tanto y de tal manera en conocer la verdad de las cosas, que han terminado por subyugar la objetividad y la certeza en pro de una razón relativizada por las apariencias. Esto significa que intentar derribar los errores y mitos de la ciencia es un ataque suicida, salvo que el ataque falsacionista a una parcela fundamental de la institución idolatrada del conocimiento se abandere con el sentido común, la lógica, la razón y la matemática. Ardua es la lucha contra la falsedad científica establecida que es defendida por los pilares culturales y referenciales de la sociedad, pero no desfallezco. Sé (no es presunción, es objetividad racional) que la certeza o la verdad están de mi lado.

Comenzaré mi disidencia contra los dos pilares trascendentales de la ciencia: el descubrimiento de Copérnico o cambio de paradigma y la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies. Copérnico, como tal sujeto pensante, se enfrenta al objeto conceptual y espacial: la teoría geocéntrica de Ptolomeo. La interpretación histórica que se venía aceptando sobre el objeto/sistema presenta algunas anomalías no resueltas por los astrónomos que precedieron al polaco. Estudia las anomalías del objeto/sistema ptolomeico y resuelve dar un giro copernicano: es el Sol el que ocupa el centro del sistema planetario en el que la Tierra se traslada alrededor del Sol: el centro del nuevo sistema planetario.

¿Qué aspectos no se tuvieron en cuenta en el proceso analítico/cognoscitivo de Copérnico? Aquí estamos ante un caso ejemplarizante de lo que supone tanto la carencia imaginativa y sus efectos: la valoración cognoscitiva de la apariencia. Nadie antes, en la Historia de la Astronomía, razonó ni imaginó con la posibilidad de que los puntos que brillan en el cielo nocturno: las estrellas, fueran objetos con movimiento orbital. No es de extrañar tal apreciación equivocada: desde la atalaya del observador y estudioso de los astros, las estrellas permanecen “fijas” en sus posiciones espaciales históricas. Pero tal estancamiento espacial de las estrellas nocturnas (especifico lo de “nocturnas” para marcar la diferencia conceptual con el astro Sol), no solo es una apreciación errónea de los sentidos, sino que son estos los astros con mayor velocidad orbital y menor período de revolución: casi medio año. De tal forma y modo que sus velocidades orbitales son directamente proporcionales a sus distancias (¿Ven la relación directa con la ley de Hubble aplicada a la velocidad de las galaxias?).Y este singular período de revolución fue el origen del error histórico que ha traído consigo una desenfrenada carrera hacia el abismo de la relatividad y de la irracionalidad. Este cambio sustancial y trascendental en el concepto y naturaleza estelar, que puede parecer una irracionalidad, se verá confirmado por multitud de cuestiones que ha dejado al descubierto la Historia moderna de la astronomía y de la cosmología. ¿Qué supuso el error de Copérnico, aceptado y asumido por la ciencia, en la gnoseología o epistemología, aplicadas al campo experimental? La respuesta ya la conocemos: determinar la fundamentación de graves errores que han devenido en aberraciones científicas, culturales, sociales, etc.

La ingenuidad de muchos que se califican a sí mismos como investigadores, me causan asombro y cierta dosis de perplejidad. Me asombra que en todo proceso de investigación el sujeto admita la impresión y percepción visual, la representación, como principio fundamental de la gnoseología experimental (El mismo principio rige el método de los evolucionistas). No estoy diciendo que dicho proceder no esté sustentado en la lógica, sino que dicho proceder cierra las puertas a otras posibilidades que, por parecer irracionales, pueden ser la clave para dirimir entre verdad y falsedad, objetividad y subjetividad, certeza o duda. Es lo que sucedió en el proceso gnoseológico de Copérnico sobre el objeto/sistema precedente. Y me causan perplejidad por la actitud prejuicial que muestran ante la abundancia de análisis y pruebas empíricas expuestas a la falsabilidad. El edificio del Conocimiento tan elogiado por ilustres pensadores, ha resultado ser el edificio del des-conocimiento en estado de ruina inminente.

¿Qué aspecto o aspectos de la ciencia astronómica son los que infunden un grado de fiabilidad en la sociedad sobre la ciencia? Sin duda alguna aquellos que son fácilmente digeribles por los sentidos: 1) la carrera espacial o el envío de cohetes o sondas al espacio: el pragmatismo social subyace en los sentidos: si veo, creo. ¿Y qué mejor modo de ganarse la confianza social sobre la ciencia astronómica que haciendo alarde de fiabilidad colocando una nave espacial en un astro más o menos lejano? 2) La consistencia y unanimidad de los científicos en experimentos compartidos avalan la fiabilidad científica: tantos expertos durante tantos años, no pueden estar equivocados (Este pensamiento común deja entrever la influencia social que ejercen las democracias: la razón está de parte de la mayoría). En el primer caso, la fiabilidad científica por alcanzar el objetivo, no es un signo de certeza en las teorías cosmológicas vigentes, representa el signo de fiabilidad en la ingeniería espacial. Intentar enlazar lo uno con lo otro, mezclar churras con merinas, es un claro intento de manipular la realidad relacionando lo tecnológico con lo objetivo y lo abstracto. ¿Acaso la ingeniería espacial no hubiera conseguido los mismos efectos bajo una teoría geocéntrica? Por supuesto que sí. Diría más: no solo se hubieran conseguido los mismos efectos, sino que los datos inherentes al geocentrismo habrían facilitado la consecución de los mismos. En el segundo caso poner la confianza en una teoría avalada y elogiada por el mismo sector que la acuño y la impulsó, no tiene más valor que el corporativismo noemático cerrado a la incorporación de nuevos datos y consideraciones.

Respecto a la teoría de Darwin, personaje relacionado con el secretismo de las logias, no cabe duda alguna de que su aceptación por los sectores elitistas y académicos de la ciencia, se veía reforzada y avalada, implícitamente, por la teoría astronómica de Copérnico. La teoría copernicana introdujo la irracionalidad en el pensamiento científico abriendo las puertas a cualquier proposición absurda y demencial. Pero no es eso lo perverso de la teoría evolucionista, la perversión adquiere un alto grado de disfunción en las conciencias al ser admitida como válida por todos los que se autocalifican de intelectuales que ocupan cargos de liderazgo en las instituciones estratégicas de una sociedad. De este modo la sociedad se ve asediada por una propaganda positivista y tendenciosa, siendo incapaz de usar su capacidad de discernimiento para analizar, aislada y objetivamente, la presión y manipulación cultural a que está siendo sometida. Otro aspecto que enlaza ambas teorías trascendentales es el método utilizado en el proceso. En efecto, en la teoría de Darwin subyace y se aprecia una estrecha similitud con el pensamiento copernicano: otra vez las apariencias, el fenómeno, incide en el origen del error. Asociar la morfología humana con la del simio, intentando derivar o relacionar la existencia del primero con el segundo, no solo pone de manifiesto la ineptitud del método científico, sino la disposición de los necios a la credibilidad de teorías que no se mantienen en pie tras exponerlas a la falsabilidad. Para vergüenza de aquellos que defienden lo absurdo, la captura en el mar de ejemplares vivos de especies que se tenían por extinguidas hace millones de años y expuestas en los museos de ciencias naturales, viene a demostrar un aspecto esencial: dado que la morfología de los ejemplares vivos se mantienen idénticos a los expuestos en los museos, resulta más que evidente que en el período existencial de estas especies, datados por la ciencia, no se ha producido cambio morfológico sustancial alguno. Este hecho, objetivo, pone de manifiesto que si las especies encontradas, datadas como pertenecientes al período del Plioceno (3 millones de años), no han sufrido transformación evolutiva alguna, ¿por qué razón habrían de sufrir una transformación evolutiva los Australopithecus, el Homo hábiles o el Homo erectus, que datan del mismo período? Este es un ejemplo de cómo el método científico lejos de ajustarse a la razón, se aferra y se obstina en el mantenimiento de la sinrazón y la ineficacia para apropiarse de la fiabilidad, la objetividad y la certeza.

Para finalizar invito desde estas líneas a todos los interesados en la búsqueda de la verdad, recordando las palabras del autor arriba mencionado:

“Incluso en la actitud natural, la confianza que otorgamos al conocimiento tiene sus quiebras. Hasta el hombre menos crítico descubre día a día muchos errores en sus conocimientos, descubre que certezas que le parecían indiscutibles se han convertido en erróneas o que ha habido que relegarlas a la inseguridad de las dudas… Es decir, sin necesidad de situarnos en posiciones críticas, hay que aceptar fallos en el conocimiento…”.

“Para iniciar el análisis crítico del conocimiento, lo correcto por parte del estudioso, es poner en cuarentena todos sus conocimientos, en espera de encontrar unos principios, fundamentos, reglas o criterios desde los cuales poder decidir cuáles deben seguir contando con su confianza, y cuales no”.

“Por otra parte, hay que tener en cuenta que bastantes de esos conocimientos se han consolidado de tal manera que adquieren la fuerza determinante de los prejuicios. Sucumbir a esta determinación sería viciar todo el trabajo crítico”.







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